domingo, 6 de noviembre de 2011

«Don Tomás Alvear, juglar» (2008), de Antonio Monterroso.

Una mañana como todas, Tomás Alvear se levantó cantando versos. Su mujer le dijo que cantaba rimas, pero Tomás le dijo que no, que era mentira. Cuando fue a lavarse los dientes y empezó a pensar en lo que le había dicho su mujer, Felisa, empezó a recordar, y recordaba en verso.

Pensó que vendría bien para la marcha de su zapatería. Al principio, le fue muy bien y vendió muchos zapatos gracias a sus versos, pero después le fue muy mal. Era incapaz de controlar sus versos y decía palabras que eran muy desagradables. A una señora que estaba muy gorda le dijo que no tenía zapatos para las cochinas, y la señora le pegó un bolsazo.


Don Tomás salió corriendo de la tienda y se fue a todos los médicos que había, pero, según ellos, no le pasaba nada. Un médico le dijo en verso:

Se acabaron sus cuidados
y su mal ha terminado.

Saliendo de la clínica, don Tomás resbaló con una cáscara de plátano y se pegó un porrazo. Cuando despertó, había dejado de cantar en verso.

Irene Camacho Cuenca
1º E.S.O. C

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